Música celta y folk: Inglaterra, Escocia, Irlanda…

Por , el 21 - 02 - 2012
 

El folk es el primer antecedente de cualquier género estilo musical. Éste se refiere a la tradición, a los creadores primeros y a esos pasos iniciales que cualquier música necesariamente ha tenido que dar. Pero cuando hablamos de músicas tradicionales nos referimos especialmente a todas esas melodías y composiciones antiguas que han llegado hasta nuestros días y que ciertas bandas mantienen y reinterpretan. En Europa, como en otros lugares, esta tradición se ha mantenido gracias a la transmisión oral, llegándonos hasta la actualidad bajo diversas formas y géneros.

La comúnmente llamada música celta es la más conocida de todas ellas y por ahí vamos a empezar. También se suele asimilar a música irlandesa o escocesa, aunque este género es propio igualmente (con todas sus diferencias y matices locales) de Gales, la Isla de Mann, Cornualles y Bretaña. Pero el hablar más de Irlanda que de otras regiones puede tener su sentido, puesto que fue un irlandés –Sean O’Riada- quien a comienzos de los años 60 comienza a recopilar el folklore musical de su país. De alguna forma O’Riada significó a Irlanda lo que Pete Seeger a los Estados Unidos. Pero O’Riada no fue el único, porque Alan Lomax, hijo del mítico John Lomax, continuó la tarea de su padre y se interesó por las tradiciones de otros países, como India, Rumanía o España y también trabajó en la recuperación de la tradición musical inglesa, dejando un interesante World Library Of Folk And Primitive Music dedicado a ella. Lomax, O’Riada y Ewan McColl en Escocia fueron las grandes figuras en la recuperación, recopilación y difusión de la música tradicional celta.

Pero el gran adalid de la difusión de la música celta a nivel popular ha sido Paddy Moloney. Conocido por ser el fundador de The Chieftains, formó parte anteriormente de la banda Ceoltóirí Chualann, que dirigía el mencionado O’Riada. Moloney consiguió colocar un tema -Women Of Ireland- en la banda sonora de Barry Lyndon y eso significó el despegue definitivo de los sonidos celtas a nivel popular y el de los propios The Chieftains. Sin negar de ninguna manera la labor de The Chieftains, lo cierto es que con el paso del tiempo su sonido fue derivando hacia todo tipo de géneros, mientras que bandas como Planxty o Pentangle sí que mantuvieron el componente tradicional de forma más precisa.

En la segunda mitad de la década aparece el llamado fenómeno del british new folk, que mezclaba tradición y compromiso a partes iguales y de ahí es de donde surgen la mayor parte de las bandas clásicas de la música celta. Todas ellas se adecuaron en mayor o menor medida a las características propias de sus regiones de origen que, separadas en lo político, son lugares que comparten una misma ascendencia cultural.

Irlanda

Si hablamos de Irlanda la primera banda en ser mencionada debe ser Pentangle. La formación surge del común interés de Bert Jansch y John Renbourn por unir elementos propios de las canciones tradicionales inglesas con el blues, que por aquellos años gozaba de gran prestigio y popularidad en Gran Bretaña. Mientras al otro lado del Atlántico el folk acabó derivando en el rock y el pop a través de la electricidad, Pentangle consiguió hermanar ambos géneros a través del respeto a la tradición, una ejecución técnicamente impecable y una interpretación asequible y apasionada.

Pero no son los únicos. Otros clásicos son The Dubliners y Planxty, que optaron por un sonido acústico, además de usar ciertos instrumentos como la mandolina o el bouzouki, en un momento en que casi todo el folk pasaba por el rock y una instrumentación eléctrica. Christy Moore, de Planxty, fue una influencia decisiva The Pogues. Su peculiar e irreverente mezcla de punk y música celta, además del inefable carisma de Shane McGowan, hace de esta banda un caso especial, porque su música trasciende las fronteras del folk para entrar de lleno en la cultura popular. Más actuales son Kila, quienes son considerados, especialmente desde su aclamado trabajo Luna Park, como la banda irlandesa más importante en la actualidad.

Y es imposible no hablar la familia Brennan, más conocidos como Clannad. Siguiendo la estela de The Chieftains llegaron al gran público gracias a que algunas de sus canciones formaron parte de las bandas sonoras de películas como Juego de patriotas o El último mohicano, pero sobre todo por el posterior descomunal éxito de uno de sus miembros: Enya. Este tipo de música celta suave, casi pop y muy cercana a la new age impactó enormemente en el mercado discográfico, lo que no significó de ningún modo que siguieran apareciendo bandas que enarbolaban la bandera de la tradición, como Dervish, Flook, The Bothy Band, Altan, Sharon Shannon, Nightnoise, los magníficos Moving Hearts o Lúnasa, entre muchos otros.

Escocia

A diferencia de otras regiones, en Escocia el auge de la música celta estuvo completamente ligado al rock. Allí surgieron bandas como Silly Wizard, los fundamentales Incredible String Band, Runrig, The Battlefield Band, Wolfstone o Capercaillie. El violinista Alasdair Fraser es uno de los más conocidos artistas escoceses, aunque ha desarrollado gran parte de su carrera en Estados Unidos. Un músico de esos que funcionan mejor en pareja y es que ha contado en numerosas ocasiones con el guitarrista Tony McManus, el pianista Paul Machlis –con quien ha grabado algunos de sus mejores trabajos- y, más recientemente, con la violonchelista Natalie Haas.

Otra de las bandas clásicas escocesas son The Tannahill Weavers que, con más de treinta años de carrera y más de quince discos a sus espaldas, siguen siendo hoy día una de las formaciones cuyos directos tienen más fama y reconocimiento. Al otro lado de la interpretación clásica tradicional de los mencionados The Tannahill Weavers se encuentra Shooglenifty, uno de los grupos más vanguardistas de la Escocia actual. Son capaces de mezclar un repertorio escocés tradicional con distorsiones, samples, programaciones e, incluso, un banjo eléctrico.

Bretaña

El músico más destacado es Alan Stivell, considerado como uno de los pioneros en la fusión del rock y la música tradicional bretona. Un arpista que, aunque comenzó en los 60, no empezó a alcanzar cierto reconocimiento hasta la década siguiente. Su reivindicación del gaélico como forma de expresión engarza perfectamente con una temática sobre todo de carácter social y con tintes ecologistas. Un miembro de la banda de Stivell, Gabriel Yacoub, fue también el fundador de otra interesantísima banda: Malicorne, que han sido citados a menudo como los Steeleye Span bretones. Menos conocidos pero igualmente interesantes son Barzaz, una de las formaciones más innovadoras, y Kornog, con un estilo bastante diferente a los sonidos bretones más establecidos.

La modernización que Stivell, Gwendal y otros trajeron al folklore musical bretón ha sido frecuentemente tachada como una deformación de la auténtica tradición. Una crítica a la que han sido sometidos numerosos artistas de todo tipo a lo largo de nuestra historia reciente. Sin embargo y en este caso, sin la labor de gente como Stivell probablemente el legado musical bretón no hubiera llegado al siglo XXI de la misma forma y, ni mucho menos, gozando del interés del público.

Inglaterra

El folklore musical inglés tiene su origen en las baladas medievales y en la figura del trovador, que era quien añadía la melodía a las historias. Pero es en los años 60, mientras los Beatles conquistaban el mundo, cuando se produce la aparición de bandas que recuperan y reinterpretan gran parte de la herencia musical inglesa. Las más conocidas son Oyster Band y Steeleye Span, pero también tenemos a gente como The Levellers, Barely Works, Albion Band o los enormes Fairport Convention, de los que formó parte Richard Thompson, uno de los más reputados compositores y guitarristas del folk-rock inglés.

La escenas locales de Cornualles, Gales y la isla de Man no por más pequeñas carecen de grandes representantes, como Jake Walton, Plethyn, Siân James, Carreg Lafar o Phynnodderee, entre otros. Y al otro lado del Atlántico también encontramos artistas que, emigrados o hijos de emigrantes, han desarrollado su propia visión del legado cultural de sus países de origen. La más grande de todos ellos es Loreena McKennitt, una canadiense de ascendencia escocesa e irlandesa que lleva más de veinticinco años en lo más alto del panorama folk. Para los sectores más ortodoxos McKennitt hace una reinterpretación demasiado asequible al gran público, pero posiblemente este sea al mismo tiempo uno de sus grandes aciertos, además de tener un magnífico ojo a la hora de elegir a los músicos que la acompañan, que frecuentemente se encuentran entre los mejores en cada una de sus disciplinas.

A pesar de las numerosas diferencias entre estas regiones, sus músicos y la mezcla de estilos que muchos de ellos hicieron, lo cierto es que todos pertenecen a un mismo grupo humano que comparte una serie de rasgos culturales en un mismo territorio. Y esa adscripción grupal es esencial y es la base sobre la que se ha construído un sonido, quizá no completamente anclado a los patrones tradicionales, pero que desde luego sí es el mejor representante de la cultura musical del occidente europeo.

 

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